In Memoriam
Presagio y duelo Por ÁLVARO BUSTOS GONZÁLEZ
Sebastián Pineda Buitrago es un joven antioqueño que estudió literatura en la Universidad del los Andes, es investigador del Instituto Caro y Cuervo y reside por estos días en Ciudad de México. Desde allá escribe su blog literario (www.eltiempo.com/participacion/guialiteraria) y coordina el de Germán Espinosa (www.maestroespinosa.blogspot.com), de quien fue discípulo y amigo, hasta el punto de que es uno de los personajes novelados en Aitana, la obra en parte autobiográfica, casi póstuma, del escritor fallecido el pasado miércoles. Mi preocupación de los últimos tiempos por la salud de Espinosa me llevó a tener con él algunos diálogos ocasionales, uno de ellos a través del correo electrónico, del cual sólo publico la parte que me corresponde: Muy apreciado y querido Germán: Tal vez a ti no te haya tocado expresar, excepto desde aquellos días en los que corrías borrascas literarias al lado de León de Greiff, otra gran admiración intelectual. Eso no importa. Ahora, sin que tú te des cuenta, tus lectores y discípulos hacemos lo mismo contigo. El río de tus admiradores silenciosos es inmenso. Tus libros, paso a paso, entre novios, esposos o amantes, caminan como entre las sombras, sin que nadie los vea. El momento sublime, para un escritor de tu categoría, que ya llegó en algún sentido terrenal, está por llegar en el inasible sentido de la perpetuidad. No se puede tener, ni siquiera ante los críticos más exigentes, una obra más sólida, más coherente, más culta, menos frívola. Lo digo porque la he leído toda, o casi toda, y me ha hecho inmensamente feliz y reflexivo. Eso, sólo, no vendría al caso. Lo fundamental es que me ha hecho, y a mis amigos también, un defensor de la palabra, de la palabra que piensa y que no encuentra su destino únicamente en la descripción de las cosas. Te mando un abrazo enorme, que espero poder darte personalmente.
Tiempo después, Sebastián Pineda me invitó a participar en el blog de Germán, y yo le contesté del siguiente modo: Estimado Sebastián: Te agradezco mucho la invitación. Siento por Germán Espinosa una inmensa admiración y creo firmemente que su obra merece un mayor cuidado por parte de la crítica y del público lector. Es mi autor predilecto. Pocas veces he tenido la oportunidad de hablar con él por teléfono y una vez que nos citamos en su apartamento de Bogotá no lo encontré en condiciones. Creo que una fotógrafa eminente le robó el día anterior las fuerzas etílicas que debía tener disponibles para mí. En ese sentido, el viaje se frustró. Conozco todos sus libros y he estado al tanto de sus problemas de salud. Inclusive, un 1 de enero tuve que suspender la comunicación con Josefina porque las lágrimas se me atragantaron. La última vez que llamé, Adrián me dio razón de su estado.
Yo no soy literato; mi existencia transcurre entre niños enfermos, infecciones tropicales y estudiantes de medicina, pero me interesa sobremanera la vida de los grandes escritores. Recibe un cordial saludo. A vuelta de correo, Sebastián repuso: Estimado Álvaro: Envíame tus ensayos, tus anotaciones o escritos sobre los libros del maestro Espinosa. Se trata de darle difusión a una obra de tan inmensas proporciones, como a un autor íntegro ética y estéticamente (muy pocos gozan de estas dos virtudes). Y mejor que no seas literato. “No seas literato, creo que dice por algún lado el propio Espinosa: que el norte de tu vida sea tu vida misma”. Actualmente, el maestro Espinosa nos va lentamente abandonando. Sus posibilidades de recuperación se esfuman poco a poco. El tumor que lo azota ya le impide hasta comunicarse. Vive con morfina, sin levantarse de su habitación. Pero hay que ser avaros con el dolor.
El día de la muerte, le escribí a Sebastián: No por esperar la mala noticia ella deja de sorprender y de causarnos el vacío y la impotencia funeral. Germán está en la historia de sus libros y del universo entero de las letras castellanas, sin atenuantes. No hubo otro como él. ¡Qué obra tan veraz y penetrante, y cuánta dimensión estética y cultural alcanzó a tener lo que escribió! Ojalá que ahora sí la desidia tremebunda de este país se sonroje y turbe ante el portento que acaba de morir. Yo espero que por fin haya justicia, que lo premien con la lectura masiva de su legado intelectual y que reconozcan ante la tumba del preclaro difunto que él encarnó el verbo mayor del idioma, sus matices y herencias más cultas, al lado de aquellas luminosas sonoridades de firmamento que sólo sus palabras sabían expresar con sobriedad y elegancia. Recibe un abrazo de condolencia. Después, en la grisura lluviosa de aquel día, leí su respuesta: Sí, tienes mucha razón, Álvaro. Es el gran prosista del idioma en el aspecto narrativo, comparable a Mujica Laínez, a Alfonso Reyes, mejor dicho, a los mejores. Aunque el maestro cayó enfermo hace seis meses, sin poderse levantar ni salir al café y apenas conversar en su cama, pensé la última vez que hablé con él que conseguiría levantarse. Pero no. En fin…
martes, 27 de noviembre de 2007
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